
1826
Las
ideas de Simón Rodríguez:
«Para
enseñar a pensar»
Hacen pasar al autor por loco. Déjesele trasmitir sus locuras a los
padres que están por nacer.
Se ha de educar a todo el mundo sin distinción de razas ni colores. No
nos alucinemos: sin educación popular, no habrá verdadera sociedad.
Instruir no es educar. Enseñen, y tendrán quien sepa; eduquen, y
tendrán quien haga.
Mandar recitar de memoria lo que no se entiende, es hacer papagayos.
No se mande, en ningún caso, hacer a un niño nada que no tenga su «porque» al
pie. Acostumbrado el niño a ver siempre la razón respaldando las órdenes que
recibe, la echa de menos cuando no la ve, y pregunta por ella diciendo: «¿Por
qué?». Enseñen a los niños a ser preguntones, para que, pidiendo el porqué de
lo que se les manda hacer, se acostumbren a obedecer a la razón: no a la
autoridad, como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos.
En las escuelas deben estudiar juntos los niños y las niñas. Primero,
porque así desde niños los hombres aprenden a respetar a las mujeres; y
segundo, porque las mujeres aprenden a no tener miedo a los hombres.
Los varones deben aprender los tres oficios principales: albañilería,
carpintería y herrería, porque con tierras, maderas y metales se hacen las
cosas más necesarias. Se ha de dar instrucción y oficio a las mujeres, para que
no se prostituyan por necesidad, ni hagan del matrimonio una especulación para
asegurar su subsistencia.
Al
que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra.
(Eduardo Galeano. Memoria del Fuego.)